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Ante los escombros de sus casas y el pico de réplicas del terremoto, que sepultó a los vecinos y familiares, centenares de habitantes de Juchitán de Zaragoza, en el sur de México, pasan la noche a la intemperie y sin saber cuál será de ellos.
"Toda la casa de enfrente se vino abajo y el de atrás también, y nosotros perdimos todo", relata a Efe Gabriela Ortiz, una de las damnificadas en Juchitán, el municipio más afectado por el movimiento telúrico de 8,2 en la escala de Richter que ya ha sido catalogado como el más virulento del último siglo.
Ortiz vio como, frente a sus ojos y en cuestión de segundos, el potente terremoto es llevaba todas sus pertenencias y ponía en riesgo su vida y la de los suyos.
"Fue horrible, siento impotencia", reconocía hoy con lágrimas en los ojos junto a su hermano menor y su tía.
Sentado en un frente a su antiguo hogar, a la intemperie y ante un calor que no hay ni una noche, Ortiz montaba guardia frente a su morada en este humilde municipio del sureño estado de Oaxaca.
Tiene miedo de que se llevan a cabo los objetos que un día espera recuperar, pero todavía más pánico que una réplica de este poderoso temblor, el más grande desde 1932, acabó con su vida.
El terremoto ha dejado hasta el momento 61 muertos en México, 250 heridos y 159 municipios con declaración de emergencia.
Hasta 45 personas murieron en Oaxaca (sur), 12 en Chiapas (sureste) y 4 en Tabasco (sureste).
Juchitán de Zaragoza acumula más de la mitad de estos muertos -36- sepultados bajo casas e infraestructuras.
"Ya viene, aquí viene otro", sin embargo los jóvenes tendidos en colchones en plena calle mientras que se levantan y ayudan a los más mayores a colocarse en el medio de la calle, lejos de casas resquebrajadas hasta los cimientos, que parecen aguantarse con pinzas.
Estamos a la expectativa de que algo puede suceder con las réplicas Con solo ver cómo se derribaron las casas, con cualquier movimiento la gente entra en psicosis. Nos atormentamos ", subraya Óscar Cuevas, un vecino que vio como el sismo la abría una brecha de un palmo en casa y que perdió un dos vecinos de enfrente, una madre y su hijo, que no lograron salir de un tiempo.
Escenas como esta se sucedieron al filo de la medianoche de este viernes al sábado, 24 horas después del suceso, en varios rincones del centro de esta población de unas 100.000 personas y con unas 7.000 viviendas afectadas, según el recuento oficial.
En las calles con luz y sin ella, miles de vecinos fueron atendidos hoy por las autoridades -desde marinos y soldados, fuertemente desplegados, a los médicos- los cuales proporcionaron algo de víveres y agua o los atendieron por contusiones o crisis nerviosas.
"Se ha incrementado la presión arterial muchos de los pacientes, hasta los jóvenes, y revisa un embarazadas. También hay infecciones en vías respiratorias y policontusiones ", indicó la coordinadora nacional del Instituto Mexicano del Servicio Social (IMMS), Frinné Azuara.
El representante indicó que, además de los hospitales que tiene el IMSS en la zona, hay un equipo médico de 40 personas atendiendo a las personas no hospitalizada, y la cifra crecerá en las horas disponibles.
Pese a la celeridad de las autoridades, el esfuerzo sabe un poco para los kilómetros de damnificados de esta tragedia, que hoy duermen por segunda noche al raso con una incertidumbre mucho mayor: ¿Tendrán de nuevo una casa donde vivir ?.
El presidente de México, Enrique Peña Nieto, acudió este viernes a Juchitán. Una visita relámpago en el que prometió restablecer agua, alimentos y atender médicamente a sus habitantes.
Entre la esperanza y la desconfianza, muchos pedían pasar de las palabras a los hechos.
Yan, a sus nueve años, tenía una demanda todavía más clara: "Que el presidente haga más casas de las casas".
Mientras, una familia andaba nerviosa por las calles en ruinas. "No encontramos a varios allegados", explicaban.
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